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El buen gobernante

15 Noviembre 2012, 14:40pm

Publicado por Libertad Juchiman

Alquimia
Por: Hugo Macias Gutiérrez
 
 


La ética para los servidores públicos se refiere a situaciones de aplicación. El bien común, lejos de ser una abstracción, se materializa en cada acto realizado en las múltiples instancias de la Administración Pública. Es la suma de miles de decisiones diarias de los servidores que laboran en las organizaciones públicas. Cada funcionario se encuentra diariamente con dilemas éticos que unas veces resuelve de manera rutinaria y otras como resultado de una profunda reflexión. Aunque el sentido común alberga principios básicos que nos permiten conocer lo que es correcto de lo que no, existen situaciones en lo que lo bueno no siempre resulta evidente. La decisión en un conflicto puede ser equivocada si la persona no cuenta con una escala de valores que le permita discernir adecuadamente. En el momento en que el hombre decide y actúa la respuesta puede ser justa o injusta, adecuada o inadecuada. Por eso es importante que los servidores públicos cuenten con un marco que les sirva de guía en sus decisiones. De esta manera, la ética pública da al servidor público un conocimiento que le permite actuar correctamente en cada situación por difícil que esta sea al ofrecer criterios para encontrar soluciones adecuadas.

Para lograr buenos resultados en todo gobierno se requiere contar no sólo con funcionarios responsables, se necesitan también políticos responsables puesto que son éstos últimos quienes gozan del máximo margen de autonomía en las decisiones, y de éstas decisiones depende a su vez la actuación de los primeros.

La razón por la que la ética es un instrumento necesario radica en que ésta se orienta al estudio de las acciones humanas por lo cual las explicaciones a las distintas conductas giran en torno a ésta disciplina. Cada acto que realiza el hombre tiene su fundamento o justificación en la ética. Cuando los hombres públicos responden a una filosofía ética, se autocontrolan al ser responsables de su conducta y de cada uno de sus actos. De esta manera, la ética es el mejor instrumento porque conlleva el autocontrol mediante el uso correcto de la razón a partir de la idea de servicio colectivo, elemento importante en los servidores públicos.

Todo gobierno, para mantener una eficiente administración, debe contar con individuos íntegros. Y es aquí donde la ética cobra importancia al seleccionar los perfiles, formar y reiterar a los servidores públicos la necesidad de hacer bien sus tareas y actuar con responsabilidad. Por el sólo hecho de llevar a cabo una acción con responsabilidad y hacerla bien ya se está cumpliendo con los preceptos éticos. Sin embargo, esta premisa, por sencilla que parezca, es difícil de alcanzar por muchos de los que participan en el ámbito público. La ética es el mínimo exigible para asegurar una honestidad y una responsabilidad en el empleo público.

La imagen que se crea de la administración pública, ya sea positiva o negativa, es resultado de la actitud y conducta que ofrece cada persona que labora en una organización. Una buena imagen ayuda a creer y a confiar en las instituciones públicas. Una mala imagen genera desconfianza, duda, rechazo. Para lograr la sensación de satisfacción al realizar una tarea es importante la relación persona a persona. La conducta, la integración y las actitudes son los elementos básicos para establecer buenas relaciones y buen servicio.

Cuando se habla de la Ética pública, no es que se trate de una ética especial para los asuntos de gobierno y administración pública, se refiere sencillamente a la ética aplicada y puesta en práctica en el ámbito público. La ética pública señala principios y normas para ser aplicados en la conducta del hombre que desempeña una función pública. Se concibe como un área de conocimiento de contenido universal que agrupa valores y virtudes orientadas por el espíritu de servicio público. En suma, se entiende por ética pública la parte de la disciplina ética que trata los comportamientos de los gobernantes y funcionarios públicos en el desarrollo de su trabajo, y tiene por fin lograr que el servidor público aplique el sentido del deber en beneficio del Estado.

La Ética Pública tiene por objeto conseguir que las personas que ocupen un cargo público lo hagan con diligencia y honestidad como resultado de la razón, la conciencia, la madurez de juicio, la responsabilidad y el sentido del deber. Es importante afirmar, una y otra vez, la necesidad de la ética en los servidores públicos ya que es precisamente su ausencia la que provoca que muchos de ellos en diferentes instituciones públicas sigan cayendo en escándalos de corrupción.

El descuido en la ética en el caso preciso de algunos de nuestros gobernantes, ha generado que aquellos que ocupan cargos públicos desvíen los fines originales de la política al encontrarse demasiado obsesionados por sus intereses personales y partidistas.

Hoy en día, en el pensamiento general, la política suele ir acompañada de una connotación negativa resultado de metas que no se alcanzan, promesas que no se cumplen, ayudas económicas que se desvanecen y por tanto aumenta la desconfianza. Es importante saber, si se quiere recuperar la confianza en las instituciones, cuáles son las causas por las que ésta se ha perdido. En general, hay desconfianza porque se pierde la credibilidad.

Tabasco en poco tiempo comenzará a vivir una histórica alternancia política con la llegada al gobierno del Estado del Licenciado Arturo Núñez Jiménez, su tarea sin duda no será sencilla pero sabemos que cuenta con los atributos necesarios, y la gente así lo juzgó. En verdad quien esté a la cabeza del Estado debe ser una persona intuitiva que avizore desde lejos los problemas de su pueblo, para prevenir el caos o mitigar el conflicto social; porque el ejercicio del poder, le ubica muy cerca del grito de la angustia de los problemas sociales.

La personalidad del gobernante debe estar forjada con la creatividad múltiple e innata que produce la inteligencia natural después del raciocinio y el empuje inmediato de la acción en la solución de los problemas, olvidándose de los fracasos y las desventuras del pasado; proyectándose en forma segura hacia adelante; sin descartar la revisión de la historia para evitar el error; pero no más, por que el progreso es siempre hacia el futuro.

No podría ser buen gobernante quien cree que para gobernar ya no le hace falta nada por aprender; porque aquel que cree que ya todo lo aprendió, solo entenderá después del fracaso, que únicamente se preparó para conducir el espectro de una embarcación fantasma.